El remedio para cisarro

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Y era tan fácil como darle esto.

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UAI: La caridad empieza por casa

Por lo general se tiende a asociar con la palabra Universidad, los conceptos de pluralidad, respeto, tolerancia y un conocimiento sin fronteras, un lugar donde las personas son capaces de formarse íntegramente; de poder dar su postura a un determinado problema, argumentando sólida y fundadamente, pero siempre con respeto a los puntos de vista divergentes.

Bueno, eso al menos pensaba yo. Sin duda, el paso que se da al entrar a la educación superior es importantisimo y se traduce en cambios significativos, ya sea en la rutina diaria como en los hábitos de estudio. En ese contexto, mi llegada a la Universidad Adolfo Íbañez (a.k.a UAI) fue casi por accidente y nunca estando convencido de lo que realmente quería estudiar.

En el ámbito netamente académico, la carrera (Derecho) satisfizo plenamente mis expectativas, en ese sentido ninguna queja. Mis sorpresas y desencantos vinieron de todo lo otro, lo extra-académico y hasta cierto punto lo académico y es lo que quiero plasmar en este lugar, porque no es posible que una Institución Universitaria pase a llevar a sus alumnos de la manera en cómo lo está haciendo la UAI.

En primer lugar, una Universidad que se jacta, semana a semana, en su publicidad en “El Mercurio”  de “tener mas espacio para leer” y que “innovar es leer”, resulta que no le da a los alumnos las herramientas para desarrollar dicha actividad y de la cual tanta publicidad hace. Poner un límite cercano a las 50 hojas mensuales para imprimir gratuitamente es una ridiculez, es algo totalmente irrisorio, tanto por la publicidad que hace la universidad, como por el alto precio que se cancela en matrícula y mensualidad. Ni siquiera la Universidad de Chile o la Universidad Católica, que son entidades del Consejo de Rectores, tienen una medida tan sin sentido. Eso por un lado, mientras que por otro, el bochornoso episodio que vivió Gabriel Bunster en la Universidad y que publicó en los blogs de La Tercera (para vergüenza de la Universidad y mia propia) fue la gota que rebalso el vaso. Resulta inentendible que la UAI bloquee Google Reader, Blogger (con todo lo que significa esto; entendiendo lo que son los blogs hoy en día como medios de comunicación) y LUN entre otros,  considerando además, que en la misma Universidad, se imparte la carrera de Periodismo, donde el Decano de la Facultad es el respetable Ascanio Cavallo.

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Medidas cómo esta hacen preguntarse en qué está pensando la Universidad cuando limita las impresiones o bloquea sitios webs, al más puro estilo Chino o Norcoreano. No me cabe duda que si esto pasara en otra universidad, el escándalo hubiese sido de proporciones y las medidas hubiesen sido revocadas de inmediato, pero eso tiene que ver con otro punto, y es la calidad del alumnado.

Recuerdo aquella memorable columna publicada en verano en la revista “El Sábado” de “El Mercurio”, donde el estereotipo que señalaba Felipe Berríos acerca de los estudiantes “cota mil” se cumple a cabalidad en nuestra Universidad. (Si bien no son todos, tampoco podemos decir que son la minoría). Me ha tocado conversar y compartir con mucha gente y asombra que muchos no sepan que más abajo de Escuela Militar también se extiende Santiago, que también es Chile, gente que no sabe siquiera dónde queda el club hípico, que no conoce el centro de Santiago, que -probablemente- nunca se ha subido al metro, y podría serguir infinitamente. Se me vienen a la cabeza las cartas al director post columna del Padre Berríos, de las mamás de estudiantes “cota mil” que decían que sus hijos no merecían ser encasillados bajo esa etiqueta, porque formaban parte de un “Techo Para Chile”.. loable, totalmente loable, pero como lúcidamente escribió Patricio Fernandez en The Clinic, a esos jovenes les “enseñan solidaridad”, les “enseñan a ayudar”, “no se mezclan” si no que “van y vuelven”. Quizás no tengan la culpa por cómo sus padres los educaron y les transmitieron sus valores, pero expresiones tales como “..estos pungas de mierdas” o hablar prejuciosamente de la gente que vive en poblaciones, desde mi punto de vista, no se puede admitir en un joven de 20 años y que se está educando para ser profesional. Aunque vale la pena señalar, que si bien el entorno “ayuda” a clasificar a una universidad como “cota mil”, el alumnado también lo hace, y así tenemos, por ejemplo, que igual encontraremos a este estereotipado joven “cotal mil” en casa central de la PUC o en la FEN.

Es innegable la gran infraestructura que posee la UAI, así como su excelente cuerpo docente, pero medidas como las anteriormente descritas, enturbian y consecuentemente alejan al alumnado de sentir un apego a la Universidad

La UAI está ubicada en un entorno maravilloso, pero justo abajo nuestro, existe gente que añoñaría estar donde nosotros estamos, haciendo lo que nosotros hacemos, y que lamentablemente no pudo por sus truncadas oportunidades. Pero este discurso que muchos propugnan; ese de servir al país y a los más necesitados, difícilmente se va a poder llevar a cabo si no se crea conciencia y actitud crítica en nuestra propia Universidad, por que claramente, la caridad (y la crítica) empiezan por casa.

Señales …

Rápido y preciso: vean este corto, está buenísimo.

Lo depresivo del cine Chileno y su futuro…

Pude rescatar de la casa de veraneo de un compañero, unas cuantas películas chilenas de este último tiempo y, que por diversas razones -poco tiempo en cartelera, poco tiempo en mi cartelera personal, etc- no había podido ver en la pantalla grande y bueno, aprovechando este tiempo de merecidas vacaciones, me decidí a verlas.

AfichelobuenodellorarLa primera película en ver fue  “Lo bueno de llorar” de Matías Bize (En la cama) que estrictamente no se si se podría catalogar como chilena, puesto que todo – a excepción del director, claro- es español.  La película girá en torno a una pareja, Vera y Alejandro, que terminan su relación e inician un tenso, inquieto e incómodo recorrido por Barcelona, el cual los lleva a diversas situaciones; una fiesta de cumpleaños, discusiones con vecinos, pero por sobre todo, a enterarse de verdades hasta entonces desconocidas. La película parte con un plano extra largo que realmente agota y con un silencio que parece  innecesario, puesto que se entiende, sin tanto accesorio, queVera y Alejandro ya no son pareja. De por si, el tema da para hacer película, de hecho el reciente estreno on-line chileno “Tanto tiempo” de Claudio Polgati es un claro ejemplo de ello, aunque claramente lo de Bize es algo mucho mas interpretativo, más implicito y hasta “depresivo” que lo de Polgati. Sin embargo, la película no trata de ser más, de llegar a un punto más allá, sus cerca de once días de producción, la obligan ceñirse al tiempo preciso que tuvo Bize para rodarla y nada más, aunque también hay que ser precisos al señalar que al ver una película de Bize uno sabe a lo que va.

Vaya sorpresa me lleve al ver la segunda de las películas, “199 recetas para ser feliz“, de Andrés Waissbluth (Los debutantes), puesto que las expectativas que me generé el año pasado en relación a la película – con podcast y campañas virales incluidas- fueron total y absolutamente diferentes a lo que me encontré al ver el flim. La película que se desarrolla en una acalorada Barcelona tiene muchos elementos dificiles de definir; Sandra (Andrea García-Huidobro) llega al departamento de Helena (Tamara Garea) y de su pareja Tomas (Pablo Macaya) y de ahí en mas la trama gira en torno a la muerte del pololo de Sandra, que a su vez es hermano de Helena y a la constante y obsesiva persecución que hace Tomás a Sandra. Los paisajes y la fotografía resaltan de muy buena forma, todo lo contrario a lo que recuerdo de “Vicky Cristina Barcelona” de Woody Allen, que es practicamente una película del SERNATUR español, al más puro estilo  “venga a conocer Barcelona”, por ende, se agradece que Waissbluth abusara del paisaje y entorno pero de forma moderada. Sin embargo a ratos, la película, cuando se va a disponer en avanzar, no avanza, cuando tiene la intecion de comenzar a transmitir algo, tampoco lo logra y todo termina en sepultarse con una voz en off demasiado “españolizada” recitando algunas de las 199 recetas para ser feliz. Como bonus track queda el trio que hacen los tres personajes casi al terminar la película y que era inminente desde los 20 minutos de avanzada ésta. A pesar de todo, la película es “digerible”, tiene elementos sobresalientes, como lo son las actuaciones (especialmente la de Macaya) y un soundtrack notable a cargo de Andrés valdivia y cía.

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Finalmente, y luego de ver ambas películas -y recordar un poco “Tony Manero” de Larraín- me percaté que el cine chilensis está muy depress,m uy interiorizado, muy interpretativo, y es esto mismo -desde mi punto de vista personal- lo que hace que este tipo de películas lleven tan poca gente a las salas y en consencucia, esten poco tiempo en cartelera -una excepción es Tony Manero, pero vale recordar la campaña de prensa que se le hizo por su buen paso por el festival de Cannes. Y esto se corrobora al ver, que las películas chilenas mas vista son de comedia (Las tres relacionadas al Rumpy, “Sexo con Amor” y una excepción “Machucha” de Wood). Y entonces ¿La solución cuál es? … crear con urgencia un circuito de salas para este otro tipo de películas, las mal llamadas “cine arte”, antes que las eras del hielo y los harry potter se terminen por devorar todas las multisalas habidas y por haber. Mientras, me programo para ver las otras dos películas “rescatadas”: El brindis y Desierto Sur

El nuevo Estadio Nacional y la poca planificación.

Tengo un práctica habitual; leer las cartas al director en El Mercurio. Haciendo lo dicho anteriormente, ayer viernes 26, me tope con la siguiente:

Estadio Nacional

Señor Director:

En varios medios de prensa se ha hecho hincapié en la repentina voluntad de la Presidenta Bachelet de acelerar el proceso de licitación de la remodelación del Estadio Nacional, enfatizando que “los trabajos deberían comenzar de inmediato para que ella pudiera inaugurar la obra antes del 11 de marzo de 2010”.

La necesidad de contar con un hito presidencial, algo que marque la era de un mandatario, un ícono de un gobierno, no puede afectar los correctos procesos mediante los cuales se hacen las ciudades, ni tampoco a los elementos que las componen, más aún cuando se trata de un edificio público para el cual se destinará un presupuesto de 34 millones de dólares. Los edificios como el Estadio Nacional no pertenecen a un gobierno, ni a un candidato, ni a un precandidato. No se puede politizar con la infraestructura. La “inauguritis” contra el tiempo, a la rápida, tiene como único propósito colocar una bandera de triunfo y sólo afecta a la ciudad, y eso ya lo sabemos de sobra.

Chile ganará la remodelación de un inmueble en evidente estado de deterioro, pero perderá la opción de tener el mejor Estadio Nacional que le sea posible, y eso es porque no hay mejor manera de tener un resultado óptimo que hacer un concurso de arquitectura abierto, nacional o internacional, con tiempo de desarrollo, que dignifique la obra desde su origen y no sea producto de una “jugada presidencial”, como se le ha denominado en la prensa. La arquitectura a esta escala, lamentablemente para algunos, es un proceso largo, complejo y participativo, que no puede hacerse en dos semanas ni ser asignado “a dedo”. El Estadio Nacional, la ciudad y sus habitantes, se merecen otra cosa.

Felipe Assadi Figueroa Director Escuela de Arquitectura Universidad Andrés Bello

Foto: MOP

Foto: MOP

Pues bien. Lo anterior no hace mas que corroborar la realidad chilena ad portas de una nueva elección presidencial . Basta recordar, hace un tiempo atrás (la fecha deviene irrelevante) los arreglos que se hicieron a los ya clásicos tablones de madera  de las galerías del Estadio, por unos nuevos asientos metálicos individuales. Millones y millones de pesos tirados -literalmente- a la basura, gracias a los nuevos arreglos anunciados por la Gordis. Y es que no está mal, pero se agradecería mayor planificiación -como expone Felipe Assadi en la carta- y no hacer estas cosas a tontas y a locas, a la rápida, para ganar votos. Basta con hacer un poco de memoria y recordar el tren al sur, los buses de Transantiago nuevos sin estar operativo el sistema y en fin, la lista podría seguir extendiéndose.

En lo que al Estadio Nacional respecta, es un tema que en lo personal me preocupa, básicamente por dos motivos, primero; soy un asiduo fanático al fútbol y me preocupa que el estado de la cancha este en óptimas condiciones, pero por sobre todo, que sea un lugar cómodo y seguro al cual poder asisitir a presenciar buen fútbol, y segundo; porque me gusta en demasía la música, y cada vez que puedo, voy a recitales a disfrutar de espectáculos en vivo y en este sentido, el Nacional, es el reciento por excelencia para presenciar este tipo de eventos.

Si me hubiesen preguntado a mi, hubiese optado por demoler el Nacional y hacerlo totalmente de nuevo, con miles de estacionamientos subterráneos, que sea apto para todo tipo de eventos; deportivo o de espectáculos y obviamente, techado. O sea, si se va hacer algo realmente bueno, que se inviertan millones de una buena vez, pero teniendo la certeza de lo que se construye, va a durar.

Muchos podrán alegar que demoliéndolo se iría con ello una importante parte de nuestra historia reciente, pero yo les respondería que no, que comenzaría una nueva historia, digna del siglo XXI y acorde a los tiempos en que vivimos. Si los ingleses pudieron reinventar Wembley, por qué nosotros no podemos hacer lo mismo con el Nacional.

Primer y último recuerdo

He decidido comenzar un nuevo blog. Creo que las nuevas etapas y circunstancias lo ameritan. Sin embargo, quiero partir el blog con una entrada antigua, que según los post dejados – que si bien, fueron pocos- me llevaron a pensar que el post no estaba malo y que dejo bastante conforme a los lectores. Probablemente, ninguno de los que escribio en esa entrada, vuelva a encontrar el blog y en consecuencia, vuelva a leer esta entrada, por lo mismo, quiero darme un gusto y  volver a publicarla, por la sensación que me produjeron a través de los mensajes dejados, pero por sobre todo, porque es acerca de un tema que me atrae en demasia: el cine.

Crónica: Tony Manero, primera función*

15.38hrs: Aburrido, decido escribir en una pequeña agenda amarilla, mientras espero que empiece -la que dicen- será la película chilena del año.

Pero esto comenzó cuando, luego de salir de clases y tomarme una radiografía, me doy cuenta que tengo tiempo suficiente para venir al Hoyts, tal como lo había estado planeando.

Llegué al cine a eso de las 15.20, la joven de la boletería, a la pregunta -¿Tony Manero a las 16.00?-, me responde: Quedan pocos asientos-… La verdad de las cosas, solo quería un ticket, así que no importaba mucho esa situación. Me entrega los tickets, miro; sala 14, tercer piso. Subo tranquilamente y me dirijo a la sala, entro y no hay nadie .. WTF!. Pense que me había equivocado, hasta que le pregunto (a una niña bastante linda (L)) que qué pasaba, qué por qué estaba vacio, me responde que todo está bien, que la sala estaba vacia porque aun era temprano y que si quería entraba -toda amorosa y linda ella-. Pero mejor decido ir al baño, total, estaba al lado de la sala. Salgo, raudo y veloz y nuevamente me acerco a esta la hermosa joven para preguntarle por los programas (del Sanfic), ella me responde que en informaciones están– o sea primer piso ¬¬ – la verdad, es que no sé que cara habré puesto, pero se ofreció a bajar a buscarlos, le pregunté si no le molestaba, -No, para nada, espérame- respondió sonriendo.

Cerca de cuatro minutos pasaron. Llega y entregándome uno, me dice -toma- (no sé, nuevamente, que cara habré puesto) y le doy las muchaaas gracias.

Entro a la sala, busco la mejor fila y butaca, me siento… deben por lo menos haber seis personas, yo incluido.

15.45hrs: Pasan por lo menos cinco minutos desde que estoy sentado, de golpe, entra mucha gente, la gran mayoría jóvenes de nos más de veinticinco, parece que todos se conocen… un grupo de cuatro se sienta a mi derecha, mientras, a la izquierda, una pareja de treintañeros lee La Tercera, página 51, ni idea lo que dice, una joven mujer adelante, también lee La Tercera, y por lo menos, otro puñado de gente hace lo mismo -¿la habrán estado regalando?- probablemente.

15.53hrs: La sala esta casi llena y sigue entrando gente, se tendrán que sentar en los asientos delanteros o en su defecto, en la popularmente conocida fila de los cacheros. Hay muchos puestos reservados, entra gente y otros ya sentados les hacen gestos, desde lo alto, para que vayan hacia ellos. A todo esto, un alivio… no ya no lo es, justo atrás hay una pareja con un enorme balde, lleno de popcorn, qué desagrado, el olor y el ruido son -a lo menos- molestos, ojalá se les caigan o se los coman rápido, aunque por el bien de los espectadores de más tarde y por la señora que limpia, ojalá suceda lo último.

El tipo de la izquierda dejó de leer el diario en la página 51, lo cambió por el programa del festival -y que posiblemente le haya pasado la bella jov de la entrada- y comenta sus próximas películas a ver.

16.03hrs: Sigue entrando gente, como por puñados, el mal del chileno, la impuntualidad.

16.07hrs: Entró un mar de gente, los asientos de adelante -si, esos planos y en los que uno queda, prácticamente con tortícolis- están, en su mayoría, ocupados. Mientas entra la gente, una mujer, desde la entrada toma cuatro fotos, dos hacia arriba -el flash me dejo viendo manchas por 5 segundos- y dos hacia abajo. Hay bullicio y olor a popshhcornn.

16.10hrs: Apagan las luces, comienza la proyección.

Me di cuenta que hay gran expectación por la película, pero también me di cuenta, que no hay como escribir escuchando Röyksopp.

*Escrito en la sala 14 del Hoyts La Reina, mientras esperaba que comenzará Tony Manero, en su primera exhibición abierta al público, en el marco del festival SANFIC 2008